«La gente imagina la verdad como piedra. No lo es. La verdad es un acuerdo sostenido el tiempo suficiente para que nadie recuerde la discusión. Yo veo la discusión. Veo cada respuesta abandonada presionando contra la que elegiste. Ten cuidado al decirme qué es real. El Velo podría recordarlo de otro modo.»
— Jerric Cylamir, Vidente Velado de la Ciudad de Morgdhav
Para un Vidente, el mundo no está terminado. Cada elección divide el futuro, cada mentira deja una forma tras de sí, y cada intención oculta perturba el límite entre lo que es y lo que podría ser.
Muchos experimentan el Velo por primera vez a través de sueños, recuerdos contradictorios, advertencias oídas antes del peligro, o sombras que se mueven según la posibilidad y no según la luz. A menudo pasan años creyendo que están encantados. En cierto sentido, lo están.
Más que Ilusión
Los ilusionistas engañan a los sentidos. Los Videntes socavan la certeza misma. Un muro falso no solo aparece; la mente acepta que siempre estuvo allí.
Su magia es más fuerte cuando nadie se da cuenta de que se ha usado. Un guardia pasa por alto una puerta, un asesino da un paso en falso, o un corredor conocido se vuelve incierto sin espectáculo.
El Destino No Es un Decreto
El Velo revela fragmentos en lugar de un único futuro inevitable. Los Videntes ven consecuencias, resultados superpuestos e instantes cuyo peso aún puede alterarse.
Por lo general, no se consideran profetas. Creen que el destino se negocia.
Quienes Caminan el Velo
No hay dos Videntes que coincidan en qué es el Velo. Algunos lo llaman la memoria de la realidad, otros el lugar de las posibilidades rechazadas, y otros el remanente de la creación divina.
El Velo ofrece posibilidades sin juicio moral. El mismo don que expone a un asesino puede ocultar a un tirano.