Resumen Archivístico
La Medida de la Justicia
A menudo se describe a Kieron como un dios de la ley, aunque la ley por sí sola no lo define.
Las leyes son escritas por mortales, interpretadas por mortales, enmendadas por mortales, y aplicadas por mortales. Pueden proteger, restringir, organizar, castigar, excusar, ocultar u oprimir según quiénes las ejerzan. Kieron representa el estándar frente al cual se sopesa ese ejercicio de la autoridad.
Su fe pregunta si el juicio ha sido medido, si la consecuencia guarda la debida relación con la ofensa, si la obligación se ha cumplido, y si quienes tienen encomendado el poder siguen sujetos a los estándares que imponen a otros.
Kieron no rechaza la autoridad. Los tribunales requieren jueces. Las comunidades requieren guardianes. Los juramentos requieren consecuencia cuando se rompen. Las personas peligrosas pueden requerir confinamiento. La violencia puede volverse necesaria donde la protección no puede asegurarse de otro modo.
La autoridad no borra la responsabilidad.
La teología kieronita, por tanto, separa la legalidad de la rectitud. Una sentencia legal puede aun así ser excesiva. Una autoridad legítima puede corromperse. Un prisionero puede ser culpable y aun así sufrir un trato que excede la sentencia impuesta. Un guardia puede obedecer una orden y aun así cometer una injusticia. Un magistrado puede seguir todos los procedimientos disponibles y aun así traicionar el propósito por el cual existen esos procedimientos.
Su sacerdocio se sitúa dentro de esa tensión. El clero kieronita defiende las instituciones legítimas mientras permanece obligado a condenar esas mismas instituciones cuando la autoridad comienza a servirse a sí misma en lugar de servir a la justicia.
